2. Primera señal: EL MUNDO EN QUE VIVIMOS

A) Presentación visual
(video, peli, diapositivas... sobre diversas situaciones dolorosas que se viven en el mundo y en la vida personal de los jóvenes)

B) Reunión de grupos:

1) Presentación para conocerse
2) Qué problemas de los vistos te parece que existen en tu medio ambiente (ayudar a "aterrizar" la introducción).
3) Qué podemos y debemos hacer nosotros (ayudar a tomar conciencia de que lo que pase con nuestra vida es RESPONSABILIDAD NUESTRA, y las soluciones no vienen de arriba...).

C) Plenario - charla.

+ Escuchamos todos las conclusiones de cada grupo...

A las puertas del año 2000, nos seguimos haciendo, de una u otra manera, las preguntas de todos los tiempos: QUIEN SOY, QUE HAGO en este mundo que me gusta tanto de a ratos, y otras veces me duele porque no entiendo, no acepto, o tal vez, NI SIQUIERA ME ENTIENDO A MI MISMO.

Estamos sumergidos en una sociedad, un mundo, nada fácil. Simplemente por poner algunos ejemplos...

a) LA VIDA FAMILIAR:

  • Falta de comunicación entre esposos; separaciones y nuevas uniones que nos hablan de inmadurez o fracaso en el amor de pareja.
  • Exceso de trabajo de los padres, poca presencia en la educación de los hijos, sobre todo el hombre) .
  • Agresión a la familia en los medios de comunicación (SEUDO-MODELOS: amor libre, infidelidad, "machismo", todo se reduce al placer sexual...)
  • Deterioro económico. Problemas morales: alcoholismo, drogadicción, erotismo, pornografía.

b) La situación social y política:

  • Falta de trabajo digno y estable. Conflictos permanentes.
  • Engaños de los políticos. Promesas que no se cumplen.
  • "Todo medio es bueno" (torturas, secuestros, el terror, la violencia).
  • Enriquecimiento súbito y desmedido de algunos; la especulación y el fraude

    c) Mi vida personal: "tormentas" en mi vida joven...

Por eso nos preguntamos:

¿Porqué existen las injusticias, el hambre, la guerra?

¿Será posible renovar la humanidad, hacer un mundo en paz? ¿Qué es la Verdad, quién la tiene?

¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Existe Dios? Cómo es? ¿Dónde está?

EMPECEMOS JUNTOS A BUSCAR LAS RESPUESTAS.

Lecturas complementarias

El mundo romano al nacimiento de Jesús

Roma fué fundada aproximadamente el año 750 antes de Jesucristo. En tiempos de Jesús esta ciudad extendía su dominación sobre todo el contorno del mar Mediterráneo, desde los países que llamamos actualmente España, Francia, Argelia hasta Egipto, Siria y e1 sur de Rusia.

El Mediterráneo era una especie de inmenso lago interior del Imperio Romano.

Las "legiones" romanas, habían impuesto en todas partes su fuerza y su disciplina. Ellas aseguraban la paz sobre este mosaico de naciones y de razas muv diversas. Todo ¡intento de revuelta era severamente reprimido Pero cuando una nación se sometía, los romanos dejaban el cuidado del gobierno de ese país a las autoridades locales, si bien bajo control.

La religión tenía un buen lugar n la vida de los romanos. Ellos rendían culto a todo un mundo de dioses y diosas que habitaban un cielo inaccesible llamado Olimpo. Estaba Júpiter el patrón del cielo, Neptuno el dios del mar, Apolo el dios del sol y de los oráculos, de la poesía y de la músi­ca, Vulcano el dios del fuego, Venus diosa de la belleza y del amor, Diana diosa de la caza, Marte el dios de la guerra, Baco dios del vino. - De cada uno solía narrar su nacimiento, sus combates, sus amores, sus venganzas a través de relatos fabulosos en los cuales también se daba explicaciones sobre el origen del mundo y de la humanidad. En honor de todos estos dioses y dio­sas se levantaban magníficos templos con estatuas que eran verdaderas obras de arte.

La misma ciudad de Roma y el Cesar, es decir, emperador que dirigía este inm­enso imperio, terminaron por ser también divinizados. El culto de la diosa Roma y de su emperador, al cual se le daba el título divino de AUGUSTO, llegó a ser el más importante.­

Desgraciado el pueblo que no levantaba un templo con estatuas y sacerdotes dedicados a su ser­vicio. En esto, precisamente, se reconocía su lealtad y sumisión.

Sin embargo, la corrupción se instalaba en todos los niveles de la administración. La gran plaga de la sociedad era la esclavitud. Una minoría de ciudadanos roma­nos sometía a sus caprichos, con derecho de vida y muerte, a una multitud de esclavos. La violencia y la crueldad se exhibían en los juegos del circo y la inmoralidad contaminaba todos los ambientes.

La religión no llenaba el gran vacío de los corazones. Ella no respondía a las grandes cuestio­nes: ¿Cuál es el sentido de nues­tra vida sobre la tierra? ¿Qué hay después de la muerte? Se esperaba una renovación. Pero jamás se pensó que ésta ven­dría del país más despreciado del imperio.

El pueblo judío bajo la dominación romana

Los judíos eran, entre todos los pueblos del Imperio Romano, el más original y el más difícil de dominar. Su patria era el país que nosotros llamamos actualmen­te la Palestina. Eran aproximada­mente un millón, pero eran más numerosos en el extranjero que en su propio país. Formaban, en total, un pueblo de casi 5 millones de habitantes.

La capital era Jerusalén, anti­gua ciudad fortificada y ubicada a 800 metros de altura sobre dos colinas en la provincia de Judea. Ciudad Santa por excelencia, dominada por un inmenso templo que acababa de reconstruir con esplendor el rey Herodes.

La gran originalidad de los judíos era su religión. Ellos adoraban a un único Dios, in­visible, creador del universo y de la humanidad, tan grandioso y po­deroso que ninguno podía com­prenderlo y mucho menos repre­sentarlo. Ellos se cuidaban tam­bién, como de una blasfemia, de pronunciar su nombre.

Para ellos, Dios era insepara­ble de la "Torah", como ellos llamaban a su ley religiosa; por­que, decían ellos, Dios mismo nos la ha dado por intermedio de Moisés. Frente a esta "Torah" sagrada, la ley romana no tenía para ellos ningún valor. Este Dios era inseparable también del templo de Jerusalén, único lugar de culto para todos los judíos de la Palestina y del extranjero.

Este templo era muy diferente de todos los otros templos desparramados por todas partes en el Imperio Romano.En estos se veneraba a ídolos hechos de oro y de plata, de mármol o de madera preciosa. En el templo de Jerusalén, en cambio, no había nada de eso pero Dios aseguraba allí su presencia invisible en medio de su pueblo.

Los judíos se dejaban matar antes que ver a un ídolo en el templo de Jerusalén. Ellos tenían un desprecio soberano por todas las otras religiones y por aquellos que rendían culto a los falsos dioses como eran los ídolos.

Cuando un pobre judío encontraba a un oficial romano con su armadura de cobre resplandeciente, su manto escarlata flotando en sus espaldas y su casco empenachado, sentía hacia él un profundo desdén: era un pobre adorador de ídolos... Y, por supuesto, al desprecio de éstos, los otros respondían con in­jurias y odio.

Los romanos tropezaban, entonces, con un espíri­tu de independencia feroz y con un fanatismo indomable. Les parecía que la raza judía era la más exe­crable de la tierra y la más temible. Desparramados en todas las ciudades del imperio, intrigantes, hábiles comerciantes, los judíos eran muy influyentes, llegando hasta los propios medios de la corte imperial de Roma. Eran, pues, gente de cuidado.

Unicamente los judíos estaban dispensados del culto a los dioses de Roma y del Imperio. Habían conseguido no trabajar el "sábado", día de reposo sa­grado y de culto, de concurrencia a las sinagogas. es decir, a las casas oficiales de instrucción religiosa y de plegaria.

Vamos ahora a mirar nuestra realidad. Dos mil años después... Jesús en América latina.

  • Los ídolos y dioses que encontraría hoy, Jesús, en nuestro continente (Puebla 54 al 58)

Compartimos las angustias que surgen de la inversión de valores, que está a la raíz de muchos males mencionados hasta ahora:

El materialismo individualista, valor supremo de muchos hombres contemporáneos, que atenta contra la comunión y la participación, impidiendo la solidaridad...

El consumismo, con su ambición descontrolada de "tener más", va ahogando al hombre moderno paralizándolo para la comunicación solidaria y la participación fraterna.

El deterioro de los valores familiares básicos desintegra la comunión familiar eliminando la participación corresponsable de todos sus miembros y convirtiéndolos en fácil presa del divorcio y del abandono familiar.

El deterioro de la honradez pública y privada; las frustraciones, el hedonismo que impulsa a los vicios como el juego, la droga, el alcoholismo, el desenfreno sexual.

  • Quizás, Jesús no vería esclavos. Pero se toparía con otras formas de esclavitud (Puebla 28 al 30)

Vemos a la luz de la fé, como un escándalo y una contradicción con el ser cristiano, la creciente brecha entre ricos y pobres. El lujo de unos pocos se convierte en insulto contra la miseria de las grandes masas.

En esta angustia y dolor, la Iglesia discierne una situación de pecado social, de gravedad tanto mayor por darse en países que se llaman católicos y que tienen la capacidad de cambiar...

Comprobamos como el más desvastador y humillante flagelo, la situación de inhumana pobreza en que viven millones de latinoamericanos expresada por ejemplo, en mortalidad infantil, falta de vivienda adecuada, problemas de salud, salarios de hambre, el desempleo y subempleo, desnutrición, inestabilidad laboral, etc.

Descubrimos que esta pobreza no es una etapa casual: sino el producto de situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas, aunque haya también otras causas de la miseria. Esta realidad exige conversión personal y cambios profundos de las estructuras...

  • ¿Encontraría Jesús violencia en América latina? (Puebla 41,43)

Países como los nuestros en donde con frecuencia no se respetan derechos humanos fundamentales - vida, salud, educación, vivienda, trabajo... - están en situación de permanente violación de la dignidad de la persona.

  • La inmoralidad invadía el mundo en tiempos de Jesús... ¿Y en nuestro continente? (Puebla 69)

La crisis de valores morales: la corrupción pública y privada, el afán de lucro desmedido, la venalidad, la falta de esfuerzo, la carencia de sentido social, de justicia vivida y de solidaridad, la fuga de capitales y "de cerebros"... debilitan e incluso impiden la comunión con Dios y la fraternidad.

  • Jesús encontraría, también, cosas hermosas... (Puebla 17 al 23)

El hombre latinoamericano posee una tendencia innata para recibir a las personas, para compartir lo que tiene, particularmente entre los pobres; para sentir con el otro la desgracia en las necesidades. Valora mucho los vínculos especiales de la amistad, nacidos del padrinazgo, la familia y los lazos que crea.

Nuestro pueblo es joven y donde ha tenido oportunidades para capacitarse y organizarse ha mostrado que puede superarse y obtener sus justas reivindicaciones.

  • ¿Qué renovación espera nuestro pueblo latinoamericano (Puebla 87,90)

Desde el seno de los diversos países del continente está subiendo hasta el cielo un clamor cada vez más tumultuoso e impresionante. Es el grito de un pueblo que sufre y que demanda justicia, libertad, respeto a los derechos fundamentales del hombre y de los pueblos.

Las profundas diferencias sociales, la extrema pobreza y la violación de derechos humanos que se dan en muchas partes son retos a la evangelización. Nuestra misión de llevar a Dios a los hombres y los hombres a Dios implica también construir entre ellos una sociedad más fraterna.

Justino Fernández
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